Sexo, sexuación e identidades de género

Introducción[editar | editar código]

Sobre los paradigmas y el uso de los términos sexo, sexuación y género[editar | editar código]

Pliegues del psiquisimo I: La sexuación, yo-imagen-cuerpo erógeno[editar | editar código]

Para el PSA la sexualidad humana se constituye en dos tiempos: sexualidad infantil y sexualidad adulta. Plantemos desde la cátedra nuestro desacuerdo desde que la subjetividad trabaja. Mientras hay vida, no hay culminación de un proceso con la supuesta llegada de la edad adulta

Llamamos sexuación a una complejidad de procesos que se inician en los primeros momentos de la vida desde el nacimiento hasta la pubertad-adolescencia incluida. Momento conclusivo de la maduración biológica, no de la subjetividad.

En el territorio de los procesos subjetivos no hay Yo sin imagen del cuerpo, salirse del paradigma biológico es introducirse en los procesos de sexuación, que a diferencia del cuerpo biológico indican el modo en el cual el cuerpo se va erogenizando y constituyéndose una imagen inconsciente del cuerpo que da sostén al Yo.

Pliegues del psiquismo II: la sexuación y el otro[editar | editar código]

La sexualidad infantil es la sexualidad implantada por el adulto al niño lo cual da cuenta tanto el concepto de IIC como la teoría de la seducción generalizada. La sexual infantil, pulsional, lleva las marcas de la presencia del deseo del Otro en el cuerpo erógeno. Así se va inscribiendo el cuerpo erógeno del niño con la inscripción del deseo del Otro materno. Estos procesos psíquicos que van registrando el cuerpo como cuerpo erógeno, cuerpo propio, se conocen con el nombre de narcisismo primario fundamental o de base. Así se establece una primera fase con el reconocimiento de la imagen en el espejo. Es un punto de inflexión, un momento fundacional del reconocimiento de la imagen en el espejo. Son los primeros lugares de asentamientos del Yo y la identidad en el cuerpo y el nombre propio.

Desde la gestación y nacimiento, el cuerpo del niño va inscribiendo las huellas de la presencia de la madre, de los padres, del medio ambiente, en su imagen de cuerpo. Con el nacimiento, estas marcas se intensifican en la medida que comienzan a jugar otros circuitos libidinales en la relación madre-hijo. Se va constituyendo así la IIC en el niño. La imagen del cuerpo que el niño se hace de si lleva las marcas del vínculo con la madre. Por lo que esta IIC no es autónoma, sino que está soldada al cuerpo y el deseo del Otro materno.

Narcisismo y género[editar | editar código]

Señalamos 2 procesos que se diferencian claramente de lo que se construye el niño en sus primeras relaciones que conducen a consolidar su IIC y los lleva a que pueda reconocerse a sí mismo. Este es un momento fundacional que continúa toda la vida. Este es el narcisismo fundacional. El otro proceso que se articula con este momento fundacional es el sentirse nena o nene con los caracteres peculiares particulares de cada uno de los géneros e ir adquiriendo una identidad correlativa. Nene o nena con tales características que la cultura significa para la identificación de género. Ambos procesos son diferentes, pero se fusionan. Son momentos de la constitución psíquica marcadas por las definiciones en tanto que el niño se ve y se siente como es visto y como es sentido.

El tránsito por el complejo de Edipo entre los 3 y los 6 años retoma la posta del género, se reorganizan las identificaciones sexuales. No terminan de organizarse y constituirse, sino que, en estado latente, en espera activa sigue un proceso que se extiende hasta lo puberal-adolescente. Estas operaciones en la infancia toman una primera forma de organización que en el entretiempo puberal-adolescente tienen que volver a revestirse, re-investirse y re-significarse.

Si la cátedra plantea una reserva al momento de definir una identidad de género, lo que es propio de las diferencias de género debe estar en espera activa trabajando antes de quedar asentada la identidad, hasta que la genitalidad de señales de su irupción en el cuerpo y su consecuente inscripción con el cuerpo genital. Para que haya un proceso de verdadero ensamblaje es necesario que la subjetividad cuente con esta nueva pieza (genital) central.

La manifestación por parte del niño a partir de la vivencia corporal subjetiva es una formulación doblemente compleja. En nuestra hipótesis se trata de evaluar si el niño que porta una palabra con un mensaje cifrado no está en verdad, en posición de síntomas. El Yo no es más que un sentimiento, el sentimiento de existir, el sentimiento subjetivo que se basa en la vivencia subjetiva de nuestras imágenes corporales. El Yo se percibe a sí mismo y define su identidad, pero la auto-percepción es un concepto resbaladizo.

Nuestro yo es un conjunto de imágenes de un mismo campo, cambiantes y con frecuencia contradictorias debido a la vivencia subjetiva de nuestro cuerpo. No hay un Yo puro, el yo es siempre resultado de la interpretación completamente personal y afectiva de lo que sentimos, y de lo que vemos en nuestro cuerpo por lo que se impone una imagen muchas veces distorsionada de nuestro yo.

Pero entonces qué sentido darle a estos dichos de la infancia... "yo me siento"[editar | editar código]

Pliegues del psiquismo III: acontecimiento puberal o el inacabado proceso de constitución psíquica[editar | editar código]

El entretiempo puberal-adolescente-juventud es un puente de articulación que si se resignifica va marcando los modos en que se transitan y producen esas transformaciones.

Lo que sucede en el niño en cuanto a la construcción de una imagen sostén, del ser, de la revisita en los procesos puberales dando una nueva vuelta donde termina de resignificación, termina de asentarse algo relacionado a la IIC. La nueva imagen en el espejo puberal, las nuevas sensaciones corporales propias de los genitales son una experiencia novedosa un acontecimiento.

El acontecimiento puberal-adolescente es fundacional en la medida que lleva una pregunta central por la identidad. Lo puberal es inscripción de la genitalidad, del cuerpo genital, de la nueva imagen del cuerpo erógeno. Toma distancia de lo familiar y se abre al campo de lo raro, lo extraño, lo desconocido tanto del cuerpo como de los nuevos vínculos. Todo empuja a la construcción de una nueva IIC que articula sexo, género y capacidad de decisión por fuera del circuito de lo familiar, conocido.

El hallazgo de objeto implica la caída de una imagen de cuerpo erógeno incestuoso familiar en beneficio de un cuerpo vincular hetero-familiar. Con las transformaciones propias del arribo de la genitalidad se vuelve a re-visar el hallazgo de objeto y la prohibición del incesto. Así la historia de la adolescencia toma dos sentidos: uno es la resignificación, el hecho de la historial que es interpretar, simbolizar el pasado, pero a su vez le faltan nuevas inscripciones en la reescritura de una novela familiar e inscripción de su propia historia. Al decir nueva vuelta queremos destacar el doble sentido que implica la repetición: es volver a pasar pero a la vez de forma novedosa es decir con diferencias.

Preguntemos a la Ley[editar | editar código]

In-conclusiones de la infancia y capacidad progresiva del niño/a[editar | editar código]

Derecho de espera[editar | editar código]