Notas sobre la prehistoria de la ciencia del movimiento

Antes de que la ciencia pueda apropiarse del concepto de movimiento, éste ya estaba dado por el mundo, la tierra y el cielo.

“[La fenomenología] (…) nos enseña que los hombres conocen esencialmente en situación, en una orientación que varía de un individuo a otro y que han debido elaborar una técnica de entendimiento mutuo en la diversidad de las situaciones privadas, técnica primero aproximativa y también ella función de la situación, pero que ha adquirido a continuación un carácter cada vez más complejo y artificial (…).” La ciencia es una extremación de la práctica originariamente simple de la objetivación. Es más complejo, más sofisticado, pero no de otra naturaleza. Como la ciencia es un proceso que presupone una realidad en situación y que se apoya sobre una verificación siempre más acentuada de la hipótesis de la naturaleza objetiva (que siempre continúa siendo una hipótesis), no se puede decir que halla alcanzado el fondo de la objetividad absoluta. La ciencia no es más que un método; ninguno de sus resultados puede ser proclamado la realidad misma. ¿Cómo es entonces, sobre qué base, que construyo idealmente este conocimiento objetivo? Lo que está atrás de toda experiencia es el sujeto, que es lo que no está explicitado en la ciencia. La posibilidad de lo objetivo está dada por el sujeto, pero no le pertenece: es el aspecto noemático, que no pertenece al sujeto pero es constituido por él. Éste es el punto de partida de la objetivación, el sujeto, y no hace perder la objetividad: la realidad está en la percepción, en las cosas dadas a los sentidos.

“Cada presencia sensible se inscribe ya en una totalidad.” El análisis de esta totalidad es dificultoso porque el lenguaje no está hecho para hablar más que de objetividades. “En un sentido, el todo previo está presente lo mismo que las cosas singulares, pero es bien evidente que no puede estar dado a los sentidos de la misma manera (…)” que las cosas singulares. Sin embargo, cada cosa singular nos viene de esa totalidad; ellas son todas una explicitación de dicha totalidad. La totalidad está allí como un horizonte, idéntico a pesar de la modificación de los objetos. Este horizonte no es una invención de la memoria y de la imaginación pues éstas no son más que cuasi percepción. Puesto que cada percepción presupone este horizonte, debemos caracterizarlo mediante un análisis descriptivo de la conciencia de horizonte.

La totalidad es la no separación de aquello que puede ser sacado a la luz, la presencia tácita de aquello que puede ser explícitamente apresentado. “(…) el simple hecho de la presencia no sensible de aquello que es accesible a los sentidos es una fuente de maravillamiento apropiada para producir vértigo. Este mundo que no podemos abarcar en su totalidad pero que está disponible en su totalidad es además un mundo del cual participamos: también nosotros podemos ser ocultados y desocultados. “La vida humana está, entonces, caracterizada por una totalidad previa. (…) ¿cómo designar nuestra relación con aquello que emerge y se sumerge en el horizonte total, nuestra relación con aquello que se manifiesta en él sobre su fondo?” No es algo que vamos a buscar y logramos capturar como en la idea moderna de ciencia. Hay una experiencia casi religiosa aquí de dejar que las cosas se manifiesten. “(…) el vehículo de estos encuentros (no un encuentro como alguien que va a dominar el mundo) es el movimiento, nuestro propio movimiento en el cuadro del mundo (…)”. El movimiento implica desplazarme en el espacio en un período de tiempo, y está fundado en lo corporal. Esto implica el movimiento de un ser a cuya esencia pertenece el mundo, que no es algo simplemente dado. La producción de sentido es lo específicamente humano, que toda experiencia se dé en el marco de una totalidad previa que es el mundo.

La filosofía y las ciencias definen desde hace trescientos años el movimiento como un simple desplazamiento en la esfera del mundo objetivo, de las res extensa. Pero esta definición misma es el resultado de una objetivación refinada operada en una vasta escala. El Dasein siempre está en camino. “Creemos que existe entre el movimiento objetivado y el movimiento de nuestra vida una cierta comunidad que nos permite, justamente, emplear la misma expresión al hablar de los dos: uno y otro son corporales.”. El movimiento de nuestra vida es corporal, sólo percibimos en base al movimiento de nuestro propio cuerpo. Nuestra vida está determinada en tanto que movimiento. Ahora bien, este movimiento requiere un punto de referencia que no es simplemente el mundo en general, la suma de toda realidad y objetividad, sino que debe ser un punto de referencia real: la Tierra. La Tierra es un apoyo sólido, sustrato de todo movimiento, tanto del nuestro como del de las otras cosas; el prototipo de todo lo que hay de masivo, de corporal, de material es un cuerpo universal del que todas las cosas de alguna manera forman parte, como lo atestigua su falta de autonomía, su emergencia, su decadencia. Es portadora y punto de referencia de todos los movimientos y relaciones; es una potencia. La horizontalidad de la Tierra reina en la verticalidad de la vida. El reino de la Tierra es, en la esfera de la vida, un poder sobre la vida y la muerte: la tierra sostiene y porta pero también nutre, es Tierra nutricia: nosotros somos abstractamente partes y modificaciones de ella. Y sin embargo, no es el único punto de referencia del movimiento de la vida, por su proximidad esencial, su accesibilidad. Hay otro punto de referencia cuya esencia comporta el alejamiento: los cielos, la luz y las tinieblas, las estrellas y los cuerpos celestes, siempre presentes e impalpables, cierran nuestro horizonte sin clausura. “así como la Tierra es, ante todo, donante de todo dónde (nos da la espacialidad), el Cielo es donante del cuándo (nos da la temporalidad) (…). Es donador de toda claridad, de toda conciencia en cuanto a lo que está próximo, conciencia esencialmente correlativa a lo lejano.”.

“El contacto sensible puede ser una adhesión a aquello que en la cosa se dirige a lo que tengo de instintivamente práctico (puedo relacionarme con el Cielo y la Tierra para el tiempo de la cosecha, manejando de manera cercana mi relación con ellos) (…), pero puede también contener un vértigo específico, que surge así donde la Tierra y el Cielo cesan de ser una simple cosa para y devienen un pasaje, (…) el descubrimiento de un contexto inaudito.” Puedo tomar también una posición contemplativa.

Los movimientos de nuestro sujeto corporal sirven a fines determinados. Son esencialmente movimientos de-hacia, movimientos orientados; el sentido les pertenece esencialmente en su calidad de movimientos. Si queremos caracterizarlos globalmente es necesario comprender la prefiguración significante total en la cual ellos se insertan. En un ser-del-mundo, esa prefiguración resulta de dos consideraciones:

  • Todas sus realizaciones y actividades son una relación con el mundo.
  • Su acción de relacionarse con el mundo es esencialmente en tanto objeto y sujeto a la vez.

Luego, hay tres tipos de relación con el mundo; triplicidad de la referencia al mundo, tres modos de tomar lugar en el mundo:

  • Una relación que instituye, inaugura, una relación de adquisición del mundo
  • Una relación de funcionamiento, dada una cierta inserción en el orden mundial
  • Una relación que abarque este orden y lo domine

“La triplicidad de esta referencia al mundo nos es dada dirigiendo la mirada hacia la temporalidad de la vida, nos es dada por el carácter interno del movimiento de la vida.”. En este movimiento de la existencia humana Patocka encuentra una cierta universalidad.

  • (AMOR) “Procurarse la disposición del mundo, anclarse, enraizarse en él no es posible más que por la intermediación de los otros.”. La impotencia de la infancia es un hecho bruto que hace que el hombre no nazca como un conjunto acabado de reacciones instintivas sino que deba él mismo adquirir su mundo con la seguridad garantizada del acogimiento de los otros. No basta que haya a su alrededor otros seres humanos: es necesario que esos seres humanos lo reciban amorosamente. Este primer movimiento humano es un movimiento con, al igual que todos los otros movimientos de la vida. A este enraizamiento corresponde la figura pasada del tiempo.
  • (TRABAJO) En la segunda fase los otros están allí no sólo en la presencia corporal y sus actitudes sino también en sus obras, en los sedimentos de su actividad. El funcionamiento de la inserción está signado por la preponderancia de la objetividad y por la orientación sobre lo instrumental. Tengo que buscar mi lugar en el mundo, madurar y reproducirme. Nuestras intenciones tienden a lo que no es sino un medio; y el fin propiamente dicho se sumerge en una inatención tenida por evidente: enajenación. El fin de este estadio no es más que la existencia y la reproducción. La vida se fragmenta y se vuelve un medio en vista de sí misma. El uso cotidiano de la propia existencia es para la supervivencia. Hay una continua reiteración de lo mismo, es un presente iterativo. El otro es pensado como un coexplotador que nos incita a la competencia, un índice material de lo que nos será posible y nos falta, nuestro ser-con es en el modo de la oposición.
  • (LUCHA) El presente iterativo no es sólo una necesidad sino una manera de salir de nosotros mismos, de esquivar nuestra dependencia y finitud que deviene inaparente y se eclipsa. Este tercer aspecto del movimiento de la vida está caracterizado como el acceso a la conquista de sí por el sacrificio de sí, descubriendo la propia finitud (muerte futura). Todo lo que había de sólido en la vida deviene inestable: La Tierra misma ha sido estremecida. El hombre descubre un más allá del Cielo y de la Tierra, lo que implica que nada en ellos puede dar a la existencia un apoyo definitivo. Este aspecto de la vida puede llevarse a cabo mediante la contemplación o también rompiendo con lo rutinario. “Una vez puesta en movimiento la avalancha, nada la puede detener. La Tierra y el Cielo pierden su potencia, (…) se vuelven el teatro de un más alto (…).” Se pierden las referencias de sentido, el Cielo y la Tierra ya no son los ejes últimos sino que obedecen a un sentido que ni siquiera es abarcable. “La vida, vuelta hacia adentro en la esfera del desprendimiento y el olvido de sí, se vuelve a partir de ese momento hacia un afuera donde ella se conquista a sí misma. (…) La vida que adhirió a su propia finitud no se conquista sino para consagrarse (…)”. Es la idea de darse a los otros, porque con el sacudimiento del suelo firme se ha destruido lo que nos vuele extranjeros unos a otros (Husserl: la adecuada aproximación hacia lo absoluto es un descenso en la subjetividad, pero la figura auténtica de esta subjetividad es la intersubjetividad. Sin embargo, Husserl no alcanza a eliminar la extrañeza del otro yo. Para eso es necesaria una conmoción del sentido previo, de la oposición. Husserl todavía tiene una expectativa de objetivación). Se revela entonces la nada de la Tierra y surge una Tierra nueva, reino del espíritu y la libertad. Este movimiento es una relación explícita con el mundo en su totalidad, no le arranca el último velo de misterio como hace la objetivación, se fía de él, y vuelve al presente de la manera más original, plena y propia. Establece con el mundo una relación de fe, no de dominio. El hombre se vuelve entonces coparticipante del misterio del mundo en totalidad, del misterio del espíritu. “La condena de la vida caída bajo la poda de su propia alienación es necesariamente un desafío lanzado a esta vida (…)”, el cual se vence luchando. La vida humana no está jamás dada.

No sólo en términos singulares cada sujeto desarrolla este movimiento de la vida, sino que históricamente también podríamos interpretar esto. “Vemos en la historia del concepto del movimiento cómo el movimiento resiste, cómo para resistir mejor se diferencia en celeste y terrestre, regular e irregular, cómo conserva siempre, aun cuando se intente expresamente objetivarlo numerosos caracteres que no pueden ser explicados sino a partir de la complexión primara del movimiento de la vida tal como hemos tratado de describir aquí. La historia del concepto de movimiento es a la vez correlato, un complemento indispensable y una confirmación del análisis de la existencia en tanto que movimiento.”