El psicoanálisis: el descubrimiento del inconsciente

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El factor anímico[editar | editar código]

El psicoanálisis produce un punto de ruptura con los saberes anteriores.

Freud lo presenta como un tratamiento especial del padecimiento neurótico, diferente de la  medicina y la psiquiatría. No es sólo una manera distinta de abordar los síntomas neuróticos sino también, una nueva concepción acerca de la subjetividad

Las formulaciones freudianas consideran que el padecimiento presente en los “síntomas neuróticos” responde a un proceso llamado “psicógeno”, es decir, a procesos anímicos independientes de la dimensión orgánica-anatómica

La filosofía y la psicología rechazaron las teorizaciones freudianas.

El la diferencia era el modo de concebir lo psíquico.

La filosofía y la psicología pre freudiana entendían lo psíquico como un fenómeno de conciencia, y por ende, a la psicología como la ciencia de los fenómenos de la conciencia.

La postulación de la existencia de un psiquismo inconsciente resultaba una contradicción.

Freud y la ciencia[editar | editar código]

Freud no cuestiona los postulados materialistas y positivistas sobre los que se asienta la ciencia de su época, sino el enfoque que la lleva a desestimar tanto el factor psíquico como la posibilidad de que éste pueda ser interrogado desde una perspectiva científica.

Los procesos psíquicos se prestan a una “observación” que no se asienta en lo visible, sino en lo que se hace oír a través de los síntomas.

Freud: “El tratamiento psicoanalítico aparece como un intercambio de palabras entre el paciente y el analista”. Intercambio que tampoco admite la posibilidad de ser presenciado.

Sin nada que ver ni nada para mostrar, la enseñanza de sus principios no se adecúa a las exigencias y a los criterios de validación propios de las ciencias experimentales.

El psicoanálisis comprende no sólo un método de investigación de la neurosis, sino también un método de tratamiento basado en el motivo.

El psicoanálisis es el resultado de la experiencia.

Freud considera que el psicoanálisis desciende de la ciencia y se sirve de sus principios. Y, sin embargo, es el creador de una teoría que se dirige justamente a aquello que la ciencia rechaza de su campo: el sujeto

El psicoanálisis sostiene la existencia del inconsciente, es decir, de pensamientos que se piensan sin un pensador que se reconozca como tal, pensamientos que tienen una incidencia decisiva en la vida del sujeto. Estos pensamientos no sabidos no sólo destituyen la ilusión del hombre como amo de sus actos, sino que además son testimonio del papel fundamental que la sexualidad y la muerte juegan en relación al campo del deseo.  

Las hipótesis fundamentales del psicoanálisis[editar | editar código]

Dan cuenta de la ruptura entre el psicoanálisis y el discurso sostenido por la psicología y la medicina de la época, y permiten un abordaje diferente de los síntomas neuróticos

Se opone a la aceptación de la identidad entre lo psíquico y lo consciente: los procesos psíquicos son en sí mismos inconscientes, y los procesos conscientes son actos aislados o fracciones de la vida anímica total

Conciencia: percatación o reconocimiento de algo exterior o interior. Es la percepción del yo por sí mismo. Se la considera como la propiedad o facultad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en las modificaciones que en sí mismo experimenta.

Freud señala que la psicología suele responder a  la pregunta por el significado de lo psíquico enumerando sus constituyentes y resaltando su cualidad esencial: esa cualidad es la conciencia.

Freud considera que la psicología de su época establece una identidad entre lo psíquico y lo consciente.

Si se parte de este presupuesto de que el psiquismo es la conciencia, a todos los actos que realiza un sujeto, se les supondrá también la cualidad de la conciencia y, por lo tanto, se los considerará productos de la voluntad y la intencionalidad propias de la conciencia.

Concepción de sujeto que lo presenta como alguien que sabe de sí y que dirige sus propios actos.

Estos fenómenos en principio no pueden ser atribuidos a la intención consciente del sujeto, implican un decir o un hacer que indica un punto de fracaso respecto de la voluntad.

Estos fenómenos responden a una legalidad que los vuelve abordables no sólo a través de la teoría sino también por la práctica psicoanalítica ya que lo que en ellos se deja oír atañe al sujeto.

Freud plantea que existen un pensamiento y una voluntad inconsciente y considera que la aceptación de los procesos psíquicos inconscientes inicia en la ciencia una nueva orientación decisiva.

Determinadas mociones pulsionales que no pueden designarse sino como sexuales, desempeñan un papel enorme en la causación de las enfermedades nerviosas y mentales. Esas mismas mociones sexuales participan en las más elevadas creaciones culturales, artísticas y sociales del espíritu humano

Todo esto se deja oír en síntomas, sueños, olvidos, actos fallidos, ocurrencias,

Cadenas de pensamientos entramados a la sexualidad, ligados a los deseos del sujeto.

A la sexualidad se la presenta portando el poder de generar sufrimiento, de ser la causa de perturbaciones anímicas pero también de intervenir en las creaciones artísticas y culturales.

La importancia de lo simbólico: psicoanálisis y lenguaje[editar | editar código]

Freud presenta al tratamiento psicoanalítico como un intercambio de palabras entre el paciente y el analista. Las palabras del paciente sos las que adquieren un lugar preponderante en la cura.

Al paciente se le pide que se deje llevar por lo que se le ocurre y le comunique sin restricciones, sin buscar la coherencia que cotidianamente se exige en una conversación.

La teoría psicoanalítica repara que los seres humanos son los únicos seres vivientes que habitan un universo marcado por el lenguaje.

Freud señala que el sujeto humano nace en un estado de prematuración e indefensión que lo obligan a llamar la atención de una persona experimentada que lo asista y mediante acciones específicas logre satisfacer sus requerimientos.

Así, la relación del sujeto al mundo está influenciada por su relación al lenguaje.

Construcción de la teoría: antecedentes[editar | editar código]

Freud decide dedicarse al estudio de las enfermedades nerviosas. Viaja a París a estudiar con Charcot. Se interesa en las indagaciones que éste realiza sobre la histeria

Histeria: neurosis caracterizada por cuadros clínicos diversos.

Para los antiguos, era una enfermedad orgánica de origen uterino y específicamente femenina.

En la edad media, fue atribuida a la intervención del diablo. Las histéricas pasaron a ser denominadas poseídas y ser acusadas de brujería.

Hacia fines del Renacimiento, médicos comenzaron a sostener que la enfermedad provenía del cerebro. Las histéricas pasaron a ser tratadas como alienadas.

Hacia finales del S XIX, las investigaciones de Charcot propiciaron su abordaje dentro del campo de la neurosis.

Hipnosis: se puede poner a un ser humano en un estado semejante al dormir en el que guarda una especial conducta respecto del hipnotizador. Sólo oye, responde, comprende y obedece las órdenes que provienen de éste.

Freud en un principio tomó en cuenta la hipnosis como método, sobre todo cuando los pacientes no podían comunicar mucho acerca de sus patologías ya que le permitía recuperar cierto saber que en estado de vigilia no se encontraba disponible.

También fue importante para Freud: Joseph Breuer y su caso de una muchacha con histeria.

Era posible liberarla de la perturbación de la conciencia si se la movía a expresar con palabras la fantasía afectiva que en ese momento la dominaba. Breuer la ponía en estado de hipnosis profunda y hacía que le contara cada vez lo que oprimía su ánimo. En la hipnosis descubría enseguida la conexión buscada. Sus síntomas se remontaban a vivencias impresionantes que tuvo mientras cuidaba a su padre enfermo

Este proceso fue denominado método catártico. Freud comienza a aplicarlo en los casos de histeria y propone la siguiente hipótesis: la causa de la histeria debe buscarse en un “trauma psíquico”.

Toda vez que la relación frente a una impresión psíquica resulte obstaculizada, fracasará también la posibilidad de la tramitación del afecto. Toda impresión que el sistema nervioso se vea imposibilitado de resolver, se convertirá en un trauma psíquico.

Los estados psíquicos suelen expresarse mediante uno corporal. El uso lingüístico ofrece puentes que posibilitan esa modalidad de expresión.

Freud sostendrá que en la base de los síntomas histéricos existe una historia de padecimientos que esconde vivencias teñidas de afecto, estas vañen como trauma. Los pensamientos despertados por el trauma, han sido arrojados fuera de la conciencia del enfermo, en la medida en que no le resultan aceptables, impidiendo, por consiguiente, la tramitación del afecto.

Utilizará el método catártico.

El objetivo de la cura: lograr la desaparición del síntoma mediante la “abreacción”, es decir, propiciar la tramitación del afecto producto de la situación traumática.

Era necesario recuperar el recuerdo vivido de la escena que había quedado fuera de la memoria consciente y tramitar, a través de las palabras, el afecto que en su momento quedó coartado.

Este método también sirve para otros síntomas (neurosis obsesivas)

En la histeria: el modo de volver inocua la representación inconciliable esa trasponer a lo corporal la suma de excitación. A este mecanismo lo denomina conversión

En la neurosis obsesiva, la representación debilitada queda aislada de toda asociación dentro de la conciencia, pero su afecto se adhiere a otras representaciones que devienen de representaciones obsesivas.

Freud sostendrá que la histeria no es producto de factores congénitos (Janet), o de una alteración fisiológica (Breuer), sino de la defensa frente a representaciones de carácter sexual que resultan intolerables para el aparato psíquico. à importante para el psicoanálisis

El inconsciente freudiano[editar | editar código]

Método catártico: permitía el descubrimiento de los traumas iniciales que habían dado lugar a ciertos síntomas, pero estos persistían por no depender de los mismos sino de una larga cadena de recuerdos asociados a ellos. El efecto terapéutico era poco duradero.

No todos los pacientes eran pasibles de ser hipnotizados. Produce un primer cambio en el étodo al sustituir la hipnosis por la orden sugestiva. Bajo la presión de su mano, aplicada sobre la frente, aparecerán recuerdos ligados a la producción del síntoma. Había obstáculos que dificultaban la recuperación de los recuerdos.

Postula la noción de resistencia, es decir, la existencia de una fuerza que se opone e impide el surgimiento de recuerdos.

Las fuerzas que se oponían a que lo olvidado se hiciese de nuevo consciente, tenían que ser también las que anteriormente habían producido tal olvido y expulsado de la conciencia los sucesos patógenos correspondientes.

Establece una relación entre la resistencia a recordar y el proceso defensivo que desencadenó el síntoma.

La defensa se ejerce ante representaciones de índole sexual que resultan inconciliables. Como modo de evitar un conflicto, esta escisión es efecto de la defensa.

Una representación de índole sexual que resulta inconciliable con el yo, se torna patógena por haber sido expulsada de la conciencia al servicio de un proceso defensivo.

Se produce el abandono de la teoría traumática.

Las supuestas escenas sexuales podían no haber ocurrido en la realidad, sin embargo aparecían en el relato de los pacientes. Se trataba de fantasías.

Las fantasías, ligadas a deseos inconscientes, participan en la producción de los síntomas neuróticos. Estos desarrollados permitirán situar y designar “otra realidad” que es determinante para la existencia humana: la realidad psíquica.

Represión: proceso que expulsa de la conciencia a determinadas representaciones que conllevan “una moción de deseo que se encuentra en aguda oposición a los demás deseos del individuo” y por ello resulta ser inconciliable con las exigencias éticas y estéticas de la personalidad.

Las ocurrencias de los pacientes: pensamientos involuntarios que perturban el relato intencional.

Estas ocurrencias surgen de los productos psíquicos reprimidos. Permiten sustituir la utilización de la hipnosis y de la sugestión

Esta modificación dará lugar al método psicoanalítico, caracterizado por la utilización de la asociación libre, como vía de acceso a los pensamientos inconscientes.

El procedimiento que permite avanzar desde las ocurrencias hasta lo reprimido, volviendo asequible lo inconsciente es denominado interpretación.

Se tratará de colegir, a través de la interpretación, deseos inconscientes que se están en la base del proceso represivo.

Frente al conflicto, la represión es un modo de intentar ahorrar el displacer que este conflicto ocasiona. Será planteada como mecanismo estructural del aparato psíquico que se lleva a cabo de un modo inconsciente para el sujeto. Los síntomas serán considerados como la expresión simbólica de un conflicto psíquico.

Freud propondrá pensar al aparato psíquico como un instrumento compuesto por sistemas o instancias que responden a una determinada serie temporal y que no se corresponden con un correlato anatómico.

Primer esquema el aparato: el inconsciente, ubicado detrás del preconsciente-consciente, que regula el acceso a la motilidad.

Inconsciente (en sentido descriptivo): estado de una representación que está ausente de la conciencia.

Una representación ausente de la conciencia pero susceptible de ella es latente. Pertenece a la instancia “preconsciente”.

En sentido dinámico, designa a representaciones intensas que no logran devenir conscientes efecto de un proceso represivo llevado a cabo anteriormente. No devienen conscientes porque una fuerza se opone a ello. Esta fuerza actuará a modo de barrera, denominada “censura”, que impide el pasaje de la representación reprimida a la conciencia.

Estas representaciones inciden desde lo inconsciente en la vida del sujeto y son las que se hallan en la base de los síntomas y de las restantes formaciones del inconsciente. Lo reprimido pasará a ser modelo de lo inconsciente.

Es necesario plantear la existencia de un sistema “inconsciente”, una instancia estructural de lo anímico que se rige por una legalidad propia. Esa legalidad se sustenta a través de dos mecanismos: desplazamiento y condensación, y opera en la producción de las diferentes formaciones del inconsciente: los síntomas, los olvidos, los sueños, los actos fallidos, los cchistes.

Desplazamiento: mecanismo por el cual, el sentido de una representación que resulta inconciliable con el yo, se separa de la misma y se desliza sobre otra representación próxima a la primera pero originalmente nimia o indiferente para la vida anímica. La representación inconciliable es reprimida pero el sentido permanece enlazado a una nueva representación sustitutiva.

Condensación: permite que en una única representación, confluya el sentido derivado de distintas representaciones

En el inconsciente, los enlaces se producen a través de cadenas de representaciones en las que preponderan la materialidad fónica: “asociación externa”

La lógica que rige el sistema preconsciente-consciente exige que las asociaciones entre representaciones se establezcan a partir de su relación conceptual: “asociaciones internas”.

El valor de la sexualidad[editar | editar código]

Sexualidad es importante en la causación de los síntomas neuróticos

Sexualidad ≠ genitalidad

Representante psíquico de los estímulos que provienen del interior del cuerpo que son constantes y cuya meta es la satisfacción: pulsión ≠ instinto: conducta preformada y heredada (propia de los animales) dirigida a la conservación y reproducción de la especie

La noción de zona erógena: diversas zonas del cuerpo participan en la producción y obtención de placer y constituyen también una sede de la excitación sexual.

La experiencia del placer sexual está presente prácticamente desde los comienzos mismos de la vida humana à sexualidad infantil

La sexualidad infantil: la principal fuente de placer es la excitación de ciertos lugares del cuerpo particularmente estimulables, los genitales, las aberturas de la boca, el ano, etc. esa etapa de vida sexual infantil, Freud la caracteriza en términos de “autoerotismo” ya que el niño busca y encuentra sus objetos en el cuerpo propio.

La primera vivencia de placer se produce a partir de la recepción de alimento.

Freud distingue tres fases: oral, anal, fálica, de acuerdo a la preponderancia de la zona erógena en juego y a las pulsiones correspondientes.

Los modos de satisfacción privilegiados en la infancia dejan sus marcas e inciden de manera decisiva en la sexualidad del adulto.

El encuentro con la propia sexualidad deviene traumático.

La práctica sexual infantil marca la dirección que seguirá la vida sexual tras la madurez. Los síntomas ya no serán concebidos como productos directos de los recuerdos reprimidos de vivencias sexuales infantiles, sino que entre los síntomas y las impresiones infantiles se intercalan las fantasías, casi siempre producidas en los años de la pubertad. Estas fantasías se construyen a partir de los recuerdos infantiles. Lo determinante respecto de la causación de la neurosis es su reacción frente a estas vivencias y las fantasías a ellas encadenadas: es decir si responde o no con la “represión” a esas impresiones.