Adolescencia, reorganización y nuevos modelos de subjetividad

El des-orden[editar | editar código]

En un sentido amplio reorganización implica que un orden o "Estado de la cosa" es cambiado, transformado por reacomodamientos, re-ordenamientos por des-orden de lo existente, la incorporación de nuevos elementos des-ordena lo establecido dando lugar a organizaciones Neo.

Para el pensamiento de los sistemas complejos unos órdenes organizacionales pueden hacerse a partir de un proceso que produce des-orden. Desorden es meta a alcanzar mediante un esfuerzo de trabajo psíquico y su realización comporta un rédito positivo en la producción de subjetividad.

Lo puberal-lo adolescente[editar | editar código]

En su devenir la subjetividad trabaja la adolescencia produciendo transformaciones, estos trabajos denominados lo puberal-adolescente, implican un potencial saludable de cambio. Es una puesta en des-orden del status quo promotor de neo-organizaciones. Se plantea entonces la adolescencia como un segundo nacimiento.

Siendo que desorden, reorganización y neo-organizaciones aparecen ante la incorporación de lo nuevo, de lo distinto, de lo hetero, lo puberal-adolescente trabaja para su incorporación y homogenización, lo proveniente de distintas fuentes:

  1. campo intra-subjetivo (cambios corporales)
  2. campo inter-subjetivo (relaciones familiares con los que se comparte un período histórico-político-social)
  3. campo trans-subjetivo (generaciones precedentes)

-> Puntualizamos distintos elementos a metabolizar en este período:

Crecimiento y desarrollo que jaquean la identidad[editar | editar código]

Los cambios corporales relativos al desarrollo que producen el crecimiento del cuerpo y la aparición de los caracteres sexuales secundarios imponen al psiquismo un trabajo de simbolización. La maduración biológica replantea en simultáneo las identidades enraizadas a lo somático. A través del crecimiento del aparato genital, la maduración de sus órganos sexuales internos y externos Son elementos que anuncian al psiquismo un trabajo de metabolización de las diferencias de género sobre el desarrollo de la identidad sexual.

Los cambios corporales piden una re-visita de la imagen especular. Un nuevo pasaje por el estadio del espejo como formador de la función del Yo. A la vez que con la apertura hacia la genitalidad el cuerpo pre-genital queda chico y limita al adolescente para registrar sus nuevas experiencias y exploraciones. Con el erotismo se registra nuevas vivencias, experiencias y sensaciones que requieren de inscripciones psíquicas para su significación.

Todos estos desarreglos funcionales son una muestra suficiente para dimensionar que la subjetividad requiere de trabajos de integración psicosomática y que no alcanza con el recurso del proceso de maduración biológica para que esta quede establecida.

La subjetividad demanda encontrar entonces nuevos ordenamientos, reordenar, desordenar las relaciones del cuerpo infantil con la propia historia, con los padres de la infancia, con la infancia de los padres, con su lugar en el circuito de deseo familiar. Demanda replantear las identificaciones infantiles. Se requieren nuevas organizaciones que signifiquen, que den sentido al crecimiento y la genitalidad. La simbolización del crecimiento del cuerpo (erógeno) consumación de genitalidad implica trabajos psíquicos en relación con el estadio del espejo y sus categorías y del complejo de Edipo.

La crisis en la adolescencia remite a los circuitos libidinales de lo puberal, de los padres y del reposicionamiento generacional.

El fin de la infancia requiere de una caída, una muerte, pero a la vez de una conservación, superadora transformación de lo infantil. Algo se pierde, pero los referentes simbólicos de la identidad son re-significados. Así se da un proceso de resignificación e historización que se inicia con los procesos adolescentes.

Los dos tiempos o fases de la sexuación (y el entretiempo)[editar | editar código]

La sexualidad humana se constituye en dos tiempos en relación a la sexualidad infantil y la sexualidad adulta. Se dirá así que la sexualidad no corresponde a dos fases de una misma sexualidad sino a dos sexualidades diferentes. Una desgranada de los cuidados precoces, implantada por el adulto, productora de excitaciones que encuentras vías de ligazón y descarga bajo formas parciales; y otra con primacía genital establecida en la pubertad y ubicada en el camino madurativo que posibilita ensamblaje genital, un modo de recomposición ordenado y guiado por la existencia de una primacía de carácter genital.

Se requerirá así de estaciones de recambio de la identidad infantil, de desorden del cuerpo, del objeto familiar y del reposicionamiento generacional. Entre reedición y repetición, lo puberal adolescente tiene urgencia de transformar y crear. Urgencia por la inscripción de un cuerpo que concibe una identidad diferenciada del infantil, de lo conocido y parental, con rasgos originarios y que contenga el deseo genital ligado a un objeto no familiar. Entre repetición de lo viejo, inscripción de lo nuevo, lo puberal-adolescente demanda un proceso identificatorio que se debate entre principio de permanencia y principio de cambio.

Lo puberal-adolescente es el entretiempo de trabajos específicos, lugar de transformación e inscripción del cuerpo (erógeno) pre-genital, en cuerpo genital y de objeto familiar en objeto de deseo no-familiar.

Erotismo genital y hallazgo de objeto alteran "lo familar"

Tanto en la inscripción del cuerpo genital, como en este pasaje a elección de objeto intrafamiliar, el vínculo al otro es marca que funda e inaugura. El otro en su función de compañero sexual, en presencia con su participación o ayuda en la inscripción del cuerpo genital, además de la inscripción de la categoría misma de la alteridad del objeto.

La sucesión generacional y su reordenamiento

El reordenamiento que la adolescencia impone al psiquismo es un trabajo de simbolización de un nuevo emplazamiento generacional. El corrimiento y reubicación generacional deviene des-orden. Es un corrimiento generacional cuya metabolización implica un deseo de muerte y asesinato de los progenitores como operaciones simbólicas.

Que en la adolescencia se sobreviva al deseo de muerte y asesinato es fundante del pasaje generacional y para llegar a un nuevo emplazamiento se requiere que lo adolescente simbolice dicha experiencia. Esto implica un nuevo registro de la temporalidad y constituirse un pasado va a posibilitar proyectar un futuro.